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Viernes, 14 de julio de 2017   |  Número 94
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el pulso
RECOMENDACIONES DE IMQ PREVENCIÓN
Alérgicos y diabéticos necesitan un botiquín de viaje específico en sus desplazamientos
La composición de este botiquín dependerá del tipo de viaje, duración y el destino elegido así como de la patología que tenga la persona

Redacción. Madrid

Jon de Lahuerta, médico del Trabajo en IMQ Prevención.

Patologías crónicas que requieren cuidados específicos como la diabetes o determinadas alergias o destinos en los que las condiciones higiénico sanitarias son deficitarias son algunas de las cuestiones que han de valorarse a la hora de partir de viaje, hábito habitual en estas fechas veraniegas. Jon de Lahuerta, médico del Trabajo en IMQ Prevención, subraya que para afrontar estos desplazamientos “es importante viajar con un botiquín básico para hacer frente a cualquier eventualidad sanitaria. Su composición dependerá del tipo de viaje, duración y el destino elegido así como de la patología que tenga la persona que se desplace”.

Subraya el especialista que han de contemplarse unas pautas básicas para el viaje. Así, puntualiza que las medicinas tienen que ir en la bolsa de viaje y no en el equipaje facturado. Asimismo, “los medicamentos tienen que estar debidamente etiquetados y llevar el prospecto y no hay que olvidar la medicación habitual junto con su historial médico (a ser posible en inglés si se viaja a otro país) donde conste las patologías y los medicamentos que habitualmente necesita, junto a su posología”. De la Huerta remata esas normas comunes al recordar que “los objetos cortantes (tijeras, pinzas, imperdibles, etc.) no pueden ir en el equipaje de mano en la cabina de avión”.

Destinos con condiciones sanitarias deficitarias

Cuando un viajero afronta un destino de dudosas condiciones higiénico sanitarias, el médico de Trabajo de IMQ detalla un botiquín específico que ha de incluir “pastillas potabilizadoras de agua o lejía domestica para la desinfección de alimentos (dosis recomendada por el fabricante); antidiarreicos y laxantes; gorro, pañuelo para el cuello o similar para la protección del polvo y arena en la boca; evitar, en lo posible picaduras e infecciones cutáneas con mosquiteras e incorporar alguna pomada con corticoide, antihistamínico y/o antibiótico. Además, el botiquín ha de incluir guantes desechables para reducir el riesgo de infección cuando se realice una cura, venda elástica, polvos antifúngicos y medicación antimalárica si se viaja a países donde la malaria es endémica”.

Diabéticos y alérgicos

En el caso de las personas diabéticas, Jon de la Huerta detalla un botiquín de viaje que ha de añadir a los elementos habituales “un medidor de glucosa, tiras y lancetas en cantidad más que suficiente, baterías de repuesto; la medicación habitual (insulina y agujas, antidiabéticos orales...) en cantidad suficiente. En aquellas personas que utilicen set de infusión han de incorporar recambios más que suficientes y bolígrafos de insulina para utilizar en caso de tener problemas técnicos con el infusor. Asimismo deben incorporar al set de viaje al menos dos kits de glucagón (al menos 2) y alimentos que contengan hidratos de carbono de absorción rápida (zumos, bebidas azucaradas) y lenta (galletas, barritas), así como una tarjeta de identificación con los datos médicos completos (tipo de diabetes, tratamiento actualizado, teléfono de contacto, tarjeta sanitaria, etc.). Esto es importante para que no le pongan pegas en los controles aduaneros de los aeropuertos”.

En lo concerniente al botiquín del viajero alérgico, éste debe incorporar “antihistamínicos orales, inhaladores/broncodilatadores, en caso de tener síntomas respiratorios asociados a la alergia, antihistamínicos tópicos a nivel ocular o nasal que reducen los síntomas a esos niveles y en personas que tengan reacciones alérgicas graves conocidas, adrenalina inyectable”.

Todas estas especificidades vienen a sumarse a las características propias del botiquín básico del viajero, “indicado cuando viajamos a zonas con farmacias y hospitales de fácil acceso”. Puntualiza el experto que ha de llevarse “apósitos estériles, tiritas –varios tamaños-, venda, esparadrapo y otro material para realizar pequeñas curas y atender cortes, heridas y rozaduras. Además, se llevarán tijeras, pinzas e imperdibles, considerando que los elementos punzantes o cortantes deben llevarse en una maleta y no pueden transportase en la cabina del avión. A ello hay que añadir toallitas húmedas; sales de rehidratación oral para tratar los trastornos digestivos y episodios de deshidratación leve provocadas por enfermedades diarreicas (tengan en cuenta que los trastornos digestivos son comunes en estancias vacacionales…); repelente de insectos en varios formatos (aerosol, loción, leche corporal) y termómetro eléctrico dado que los termómetros de mercurio están prohibidos en los aviones”.

Completan este botiquín de viaje habitual “el protector solar y gafas de sol, observando que el factor de protección no debe ser menor de 15. Han de incluir productos para quemaduras solares. Recuerde que han de llevar mayor protección cuando se viaje a zonas tropicales, subtropicales, al mar o a la montaña. A ello hay que añadir antiséptico para desinfectar cortes y pequeñas heridas (antes de emplearlo lavar con agua y jabón) tipo povidona yodada, descongestionante nasal (con o sin antihistamínico); gotas oculares emolientes para conjuntivitis, enrojecimientos oculares, lagrimeo, analgésicos para el dolor leve-moderado y para la fiebre como el paracetamol. Es preferible evitar pastillas solubles o efervescentes. Además precisan agua para su toma que no siempre puede estar accesible o ser su toma segura. Incluya antiinflamatorios (como el ibuprofeno), antiácidos y la medicación habitual”. 

 

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