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Viernes, 15 de diciembre de 2017   |  Número 98
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arranca la campa├▒a de la gripe
Cada a├▒o fallecen en Espa├▒a 2.800 personas por bacterias multirresistentes
El abuso de los antibióticos está acelerando la aparición de bacterias multirresistentes que ponen en peligro la salud de individuos
Redacción. Madrid
“Por primera vez desde su aparición, el mundo se puede enfrentar a un futuro sin antibióticos eficaces para distintos tipos de bacterias. Si no se aplicaran medidas urgentes y ello ocurriera, nos encontraríamos ante una enorme cantidad de muertes por infecciones comunes y lesiones menores que volverían a ser potencialmente mortales”. Ésta es la advertencia que Isabel Fontán, farmacéutica hospitalaria de la Clínica IMQ Zorrotzaurre realiza con motivo del inicio de la campaña de la gripe, un virus que en muchas ocasiones, es tratado de manera inadecuada y totalmente ineficaz con antibióticos.

Isabel Fontán, farmacéutica hospitalaria de la Clínica IMQ Zorrotzaurre.

Un antibiótico es un medicamento que se usa para prevenir y tratar las infecciones producidas por bacterias y lo hace provocando la muerte de las bacterias (antibióticos bactericidas), o impidiendo el crecimiento de las mismas (antibióticos bacteriostáticos).

Las resistencias bacterianas “son modificaciones en la respuesta al uso de antibióticos que provocan una pérdida de eficacia de los tratamientos y un aumento del riesgo de propagación y contagio a otras personas”, indica la especialista de IMQ Zorrotzaurre. “Aparecen como consecuencia de cambios que sufren las bacterias al verse expuestos a los antibióticos. De hecho, se trata generalmente de modificaciones genéticas (mutaciones y transferencias de genes) que pueden aparecer de forma natural con el tiempo”.

Sin embargo, según explica la experta de IMQ Zorrotzaurre “el proceso se ve acelerado por tomar antibióticos cuando no es necesario (automedicación, sin que esté indicado), no tomar el antibiótico adecuado a cada infección en concreto, no respetar los horarios de administración o las dosis correctas o abandonar el tratamiento antibiótico porque se nota una mejoría en los síntomas”.

Según se destaca desde el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC), cada año fallecen en la Unión Europea unos 25 000 pacientes por infecciones causadas por estas bacterias multirresistentes, de las que 2.800 se producen en España.

Las consecuencias para los pacientes hospitalizados son el retraso en la administración del antibiótico apropiado, peor pronóstico, prolongación de la hospitalización, sobrecostes sanitarios, peores resultados clínicos e incluso muerte. Además, un uso indebido de los antibióticos en un paciente “puede tener efectos no deseados en el resto de la población por el contagio de cepas resistentes”, explica Isabel Fontán.

Como su propia definición indica, “un antibiótico es eficaz para tratar infecciones exclusivamente bacterianas. Los antibióticos no pueden hacer absolutamente nada en caso de enfermedades causadas por tipos de microorganismos distintos como es el caso los virus, siendo paradigmático el caso del virus de la gripe”. Además, la eficacia también depende del espectro de acción del antibiótico, que debe incluir necesariamente la bacteria causante de la infección.

Como todos los medicamentos, los antibióticos tienen efectos adversos, “algunos de los cuales son más o menos comunes a todos los grupos: alteraciones gastrointestinales, sobreinfecciones por hongos, alteraciones dermatológicas y posibilidad de reacciones de hipersensibilidad, entre otros. Otros efectos son más específicos dependiendo del tipo de antibiótico y pueden ser banales o por el contrario pueden llegar a ser muy graves”.

En el caso de que después de un tratamiento antibiótico sobre parte del fármaco, “lo correcto es desechar los restos de antibióticos no administrados en los puntos SIGRE, presentes en las oficinas de farmacia” afirma la especialista de IMQ.

Después de un tratamiento antibiótico, dado que los antibióticos, especialmente los de amplio espectro, “pueden ser enemigos claros para la flora intestinal, el consumo de alimentos probióticos (yogures ricos en Lactobacillus casei y Bifidobacterium bifidum y el kéfir) y los alimentos prebióticos (cereales integrales a base de trigo, avena o cebada, o legumbres) pueden ser beneficiosos en caso de terapias prolongadas con antibióticos”.

 

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