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Viernes, 19 de enero de 2018   |  Número 99
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Redacción. Madrid
Experiencia de paciente

En este comienzo de año 2018 los problemas de accesibilidad y equidad al sistema público de salud se han agudizado, la saturación de los servicios de urgencia de los hospitales y centros de salud fundamentalmente y las consabidas listas de espera quirúrgica, de consulta especializada y de pruebas diagnósticas siguen siendo una constante.

Sobre el primero de los aspectos es importante recalcar que independientemente de los momentos de mayor afluencia debido a la estacionalidad, como es ahora el caso de la gripe, este es un fenómeno que desafortunadamente se va a producir con mayor frecuencia e intensidad una vez que el incremento de la cronicidad asociada al progresivo envejecimiento poblacional es una realidad que se agrava conforme vaya pasando el tiempo. Tal es así que España ya es el segundo país más envejecido del mundo tras Japón.

Respecto al segundo aspecto, relacionado con las listas de espera, ya nos pronunciamos el pasado mes de agosto sobre la necesidad de poner freno a una situación que impacta directamente en la calidad de nuestro sistema y que a su vez genera tanta incertidumbre, ansiedad y preocupación en la sociedad. Como hemos dicho tantas veces, la enfermedad no admite esperas sino que precisa de una atención ágil, pronta, eficaz, eficiente, segura, de calidad y con los mejores resultados de salud posibles; es por ello por lo que ya hace medio año propusimos plan de choque para poner a cero el contador y a la vez estructurar colegiadamente estrategias que eviten esta situación tan complicada en el futuro.

Estas dos circunstancias son confluyentes y constituyen por sí mismas dos buenos ejemplos de lo que está ocurriendo en nuestro sector: existe un desequilibrio entre las necesidades de la sociedad en cuanto a la demanda creciente de servicios en sanidad y la oferta que el sistema es capaz de aportar. Las causas son múltiples, pero la fundamental radica en el inmovilismo y la falta de flexibilidad, y no es otra que la falta de adaptación a los tiempos cambiantes que nos toca vivir.

Si queremos protagonizar el futuro y hacerlo sostenible no cabe ninguna duda que es el momento de hacer una profunda reflexión acerca del sistema que tenemos, el que nos podemos permitir y el que precisamos en base a las necesidades de la población. Liderar el cambio supone gestionar todos los recursos disponibles de una forma estratégica y con una visión no solo a corto plazo sino también a medio y largo.

En este contexto de insuficiencias del sistema público de salud, donde el acceso y la equidad se encuentran cuando menos en entredicho, es donde se plantea una cuestión muy relevante relacionada con lo que se ha convenido en llamar “experiencia de paciente” o también “de cliente” en otros entornos, aspecto este que viene determinado por las normas UNE CEN/TS 16880 y UNE-EN 15838.

La experiencia de paciente conlleva la evaluación constante del grado de satisfacción de los ciudadanos con todos los momentos, situaciones y circunstancias por los que transita en su contacto con alguna parte del sistema sanitario, independientemente de su titularidad, pública o privada.

Este es un proyecto que vamos a acometer desde la Fundación IDIS a lo largo de este ejercicio y que va más allá de nuestro barómetro bianual: trata de complementarlo, porque lo que queremos es establecer indicadores evidentes y modelos de mejora continua que incidan en una mayor satisfacción por parte de los pacientes y sus familias en su relación con cualquiera de las múltiples partes y entornos que componen el sistema asistencial de titularidad privada.
En cualquier caso y regresando de nuevo a los dos ejemplos expuestos, el de las listas de espera y la congestión de las urgencias en el sistema público de salud, es evidente que, en un análisis exhaustivo y objetivo, la experiencia de paciente dejaría mucho que desear porque no es para nadie motivo de agrado, más bien de lo contrario, esperar más allá de lo razonable y acudir a las urgencias de algunos centros asistenciales públicos encontrándose ya no solo con largas esperas sino además con una cantidad ingente de personas que están en una situación similar. Todo ello lo que genera es incertidumbre, ansiedad, inquietud y preocupación.

En el caso de la sanidad de titularidad privada las cifras quedan expuestas en los indicadores de nuestro estudio anual RESA de resultados de salud. En él la accesibilidad está basada en los tiempos de espera para citación y entrega de informes de pruebas complementarias, citación para consultas de especialistas, atención en urgencias, espera media quirúrgica y tiempo medio transcurrido entre el diagnóstico y el inicio del tratamiento en procesos oncológicos. 10 días para la realización de las mamografías, 9 para la resonancia magnética y 6 para el TAC (con 4 días de media para entrega de informes) son los resultados que se han obtenido este año en el análisis de los datos. La gran accesibilidad  para las pruebas diagnósticas es manifiesta con estos niveles de espera obtenidos y teniendo en cuenta, además, que en más de un 30% de los casos las mamografías y resonancias magnéticas y en el 50 % de los TAC las citaciones se producen en el mismo día.

En el caso de la consulta para especialidades, la espera ronda las dos semanas (con la excepción de dermatología -18 días-) y, en urgencias, no llega a los 30 minutos. Esta cifra es especialmente relevante y representativa, si se tiene en cuenta que es la media de más de 4 millones de urgencias analizadas en el estudio RESA. Para las intervenciones quirúrgicas, los resultados se mantienen e incluso mejoran, situándose en menos de 29 días de media. Y, cuando se analiza el tiempo transcurrido desde el diagnóstico hasta el tratamiento del cáncer, se encuentra un tiempo medio inferior a las dos semanas en tumores de mama, colon y pulmón. Se trata de una asistencia que, aunque no es de urgencia, sí requiere alta prioridad; por eso entendemos que se trata de un indicador muy relevante.

En definitiva estas situaciones de espera y de plétora en el sistema público de salud, que generan tanta preocupación e incertidumbre entre la población, requieren de la aplicación no solo de recursos estructurales y humanos suficientes sino, además, de la puesta a disposición y coordinación de todos los recursos que posee nuestro sistema independientemente de su titularidad. Nuevamente, la coordinación entre las redes asistenciales públicas y privadas se hace fundamental, siempre en beneficio del paciente, del ciudadano y de la sociedad en su conjunto. Como ya se ha comentado, la enfermedad no entiende ni de esperas ni de titularidades; la enfermedad precisa de son soluciones ágiles, prontas, eficaces, seguras y de calidad, independientemente del entorno asistencial, público o privado, del que provengan. 

Ante este panorama, medir la experiencia de paciente es fundamental puesto que nos determina las constantes vitales de nuestros sistemas, público y privado, y su análisis en profundidad nos permitirá implantar las mejores prácticas en todos los órdenes y en todos los aspectos que envuelven a un proceso asistencial de excelencia.

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