Lunes, 21 de marzo de 2022   |  Número 145
Interoperabilidad, continuidad asistencial e innovación, una trilogía insoslayable
Editorial

Aunque andamos en los comienzos de este siglo XXI, lo cierto es que la ciencia tecnológica digital ha dado ya grandes pasos, un anticipo de todo lo que nos puede ofrecer el futuro sin duda. Desde la ciencia de los datos, pasando por el denominado machine learning, la inteligencia artificial o el blockchain, los avances científicos no paran de emerger en este ámbito.

Desde el sector privado de la sanidad este constante goteo de innovación tecnológica se va incorporando, puesto que se considera que va a determinar y a afianzar el futuro en materia de salud y sanidad. Un entorno, el de la medicina, en el que la personalización, la precisión, la predicción y la prevención van a marcar el ritmo de los avances que van a hacer de esta disciplina un entorno clave en el que tecnología y el humanismo científico van de la mano.

En este contexto disruptivo y vanguardista la Fundación IDIS con sus miembros como impulsores y garantes han presentado el proyecto de interoperabilidad del sector sanitario privado, un primer paso de otros muchos que se han de producir y que involucrarán sin duda al sector asistencial y asegurador, a la farmacia, al ámbito sociosanitario y al entorno público de salud llegado el caso.

El paciente, o mejor dicho los pacientes, que somos o lo seremos todos, somos los auténticos propietarios de nuestros datos y biografía de salud, y en aras a ejercer nuestro derecho a la libre elección, y con las atribuciones que nos ofrece ya el actual ordenamiento jurídico en materia sanitaria, hemos de poder disponer de ellos y utilizarlos según nuestro criterio y voluntad en base a herramientas y canales digitales desarrollados con criterios de interoperabilidad.

Llegados a este punto es importante recalcar el impacto que sufre el sistema por el exceso de demanda asistencial como consecuencia de distintos factores. El incremento de nuevas tecnologías y la creciente presión financiera y asistencial suponen un cambio en las tendencias de la gestión sanitaria, un reto cuyo abordaje pasa, entre otros, por el acceso de profesionales y pacientes a la documentación clínica para generar escenarios de corresponsabilidad en la gestión individual y colectiva de la salud, con la intención de obtener los mejores resultados posibles utilizando todos los recursos disponibles con los que nos dota la ciencia y la innovación.

En este ámbito disruptivo y digital, la integración de los sistemas tecnológicos, base de la citada interoperabilidad, aporta al sistema sanitario, además de otras ventajas, un elemento estratégico clave, una vez que reconoce al paciente como protagonista del sistema, propietario de sus datos de salud, y por lo tanto busca posicionarlo en el centro de los procesos. Esta iniciativa integradora cuenta con beneficios evidentes tanto para profesionales como para las propias organizaciones e instituciones que lo impulsan y sustentan.

Las ventajas de la interoperabilidad son abundantes. Una de las más destacadas es el hecho de que favorece la continuidad asistencial, lo que permite reforzar la coordinación entre los distintos niveles durante todo el proceso de atención, a la vez que solicitar segundas opiniones y que los pacientes transitemos por los entornos sanitarios que decidamos a sabiendas de que llevamos consigo nuestros datos recopilados a lo largo de nuestra experiencia de pacientes en el contacto que mantenemos con el sistema sanitario.

Otras ventajas muy notables también y dignas de ser reseñadas son la accesibilidad a toda la información clínica necesaria por parte de los profesionales sanitarios, lo cual impacta positivamente en el desarrollo de su actividad asistencial. Por su parte, el aumento de la corresponsabilidad del ciudadano fomentando su empoderamiento a través del acceso a su información clínica favorece que este adquiera una mayor conciencia de su estado de salud, lo que hace que el paciente cada vez esté más informado y tenga mayor capacidad para valorar conjuntamente con su médico las diferentes alternativas relativas a su proceso.

Por otro lado, supone una mejora de la seguridad del paciente minimizando los errores una vez que el médico, al disponer de mayor información y más fiable, puede llevar a cabo un diagnóstico más rápido y preciso basado en una mayor evidencia clínica. Por el mismo motivo, también es posible reducir el número de pruebas diagnósticas innecesarias, que en algunos casos además de suponer una molestia para el paciente le puede conllevar ciertos riesgos para su salud.

Favorece además una potencial mejora de la práctica clínica impulsando el incremento de la calidad documental y una mejora de los resultados en salud como consecuencia del incremento de la calidad asistencial y de un papel más activo y una mayor implicación de los ciudadanos en su autocuidado.

Además, todos los expertos coinciden en que mejora la eficiencia de los procesos asistenciales y de los resultados sanitarios puesto que se incrementa la calidad y seguridad de la atención médica continuada, a la vez que se reducen los costes asociados a la repetición de pruebas diagnósticas innecesarias, a demoras en la toma de decisión por falta de información clínica, así como los costes administrativos vinculados a los departamentos de atención al paciente en lo relativo a la generación de documentación clínica en distintos formatos (papel, CDs, etc.). Todo ello incide también en una mejora de su confortabilidad y bienestar.

En términos de investigación, es una fuente generadora de oportunidades una vez que aumenta las posibilidades de éxito, ya que, en la medida que el modelo de interoperabilidad se consolide y desarrolle, será posible disponer de una base de datos clínicos de gran utilidad para llevar a cabo actividades de investigación; si bien, de acuerdo a nuestro ordenamiento jurídico, el acceso o la cesión de la información clínica para usos distintos a los asistenciales requiere del consentimiento expreso del paciente o bien de la disponibilidad anonimizada y securizada de sus datos.

En este sentido, ya hay proyectos europeos colaborativos en los que la disponibilidad de la información de los pacientes está sirviendo como fuente de conocimiento para su mejor y más preciso y personalizado abordaje. Iniciativas colaborativas público-privadas como Harmony en el cáncer hematológico, Óptima y Pioneer frente a otro tipo de tumores, Mopead en la enfermedad de Alzheimer, Facet en el entorno de la vulnerabilidad y la fragilidad o Ehden con la creación de una comunidad en torno a datos federados del mundo real en proyectos de ciencia abierta que revierten en el bienestar de los ciudadanos europeos son una realidad y un buen botón de muestra de cómo está evolucionando todo en esa simbiosis entre lo puramente asistencial y la tarea investigadora e innovadora en materia de salud, calidad de vida y bienestar.

En conclusión, la disponibilidad de los datos reflejados en una historia clínica digital interoperable facilita no solo la continuidad asistencial, sino además favorece la investigación clínica cada vez más sensible y específica; es por ello que el futuro va a venir marcado por la integración de todos los datos de salud de la persona en un solo documento digital (Biografía de salud) al que todos los profesionales sanitarios que le atiendan tengan acceso y eso significa tener en cuenta también tanto al entorno sociosanitario como al de la atención farmacéutica entre otros. Todo ello, con el fin de dar respuesta mediante el análisis de los datos recogidos al sinfín de cuestiones específicas y concretas que nos plantea ya la medicina en el siglo XXI.

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