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Viernes, 09 de noviembre de 2012   |  Número 40
TRIBUNA
Jesús Almendral Garrote, director del Centro Integral de Enfermedades Cardiovasculares (CIEC) y jefe de la Unidad de Electrofisiología Cardiaca y Arritmología Clínica de HM Hospitales
La Cardiología en la sanidad privada de nuestro país

La Cardiología es, sin duda, una de las especialidades médicas que ha tenido un desarrollo más importante en las últimas décadas. La tecnología ha impactado de forma sorprendente en múltiples maneras de “mirar” al corazón y tener información precisa de cómo está constituido y cómo funciona, tanto en su vertiente mecánica como en su vertiente eléctrica. Ahí están la ecocardiografía tridimensional, el TAC coronario, la resonancia magnética o la electrofisiología intracardíaca, por mencionar tan sólo algunas de estas técnicas.

Pero la tecnología ha impactado también, y sobre todo, en la terapéutica. Aunque en el ámbito de la Farmacología el progreso ha sido espectacular, probablemente sea en el ámbito de las terapias físicas en el cual el desarrollo en Cardiología ha sido particularmente diferenciado. Se implantan válvulas artificiales, stents coronarios, marcapasos, desfibriladores que sustituyen el funcionamiento alterado de diferentes estructuras, se realizan ablaciones que curan o alivian los trastornos eléctricos del corazón… Y todo ello en un camino continuo hacia la “menor invasión posible del cuerpo”, con procedimientos percutaneos con estancia hospitalaria de 24 horas o menos. Pero ninguno de estos progresos ha ocurrido por casualidad, todos vienen precedidos de una larga e intensa carga de investigación y avance del conocimiento.

Hasta aquí unas pinceladas que describen el “momento” de la Cardiología actual. ¿Cómo se enfrentan las organizaciones sanitarias a un contexto en el que las palabras clave son dinamismo, cambio, innovación y tecnología, pero también investigación, conocimiento, fisiopatología? Hasta hace tan solo unos años, la Cardiología se ha caracterizado, en hospitales punteros de la medicina pública, por una considerable inversión en tecnología y capital intelectual, formando y contratando a buenos profesionales, lo que la hacía progresar a pesar del lastre de una marcada rigidez en las estructuras laborales y administrativas. Al mismo tiempo, la Cardiología privada se conformaba con contratar los servicios de buenos profesionales a tiempo parcial (“Hospital de Tarde”) que suplían, con su experiencia, una oferta tecnológica siempre a remolque de los progresos.

En los últimos años, la situación ha cambiado. La medicina privada está siendo capaz de “rearmarse” y generar inversión en especialidades clave por su repercusión social y desarrollo tecnológico, como la Cardiología. El lugar que ésta ocupa en la medicina actual hace de esta especialidad uno de los “termómetros” de la fuerza y proyección de una institución privada. Quizá por esto, y por el ambiente naturalmente competitivo de la medicina privada, sus directivos han comprendido que la sociedad demanda progreso del conocimiento y actualización de la tecnología cardiovascular, y ello les ha permitido sintonizar con las aspiraciones de los cardiólogos más activos, que se sienten atraídos hacia estructuras que “comprenden” sus demandas de progreso y aprecian su capital intelectual. Hace tan solo unos años hubiera sido difícilmente imaginable asistir al nacimiento, en el seno de la Cardiología privada, de un Centro Integral de Enfermedades Cardiovasculares (CIEC) como el que HM Hospitales acaba poner en marcha, en el que se propicia la dedicación de profesionales a tiempo completo, y en el que se defiende que enseñar, innovar e investigar acerca de la patología cardiovascular está entre sus ocupaciones.

Hoy sabemos que el progreso de la Cardiología actual no puede ser sostenible sin una selección estricta de los recursos en cada caso, de forma que su empleo sea eficiente y el gasto ajustado. También en este campo, aunque no sea a primera vista obvio, un mayor capital intelectual conduce a un menor gasto. Pensemos en el ejemplo antes mencionado de las múltiples pruebas de imagen cardiaca disponibles: el profesional más capacitado prescribirá la más adecuada para obtener la información necesaria, evitando el dispendio del “vamos a pedirle todo, a ver si en alguna prueba encontramos algo”. Y es especialmente en este campo donde la flexibilidad y la dinámica de la Cardiología privada pueden permitir mayores logros.

Por tanto, nos hallamos ante una especialidad clave, que ejemplifica como pocas el reto actual de la medicina de no renunciar al progreso en el conocimiento y a la innovación tecnológica, pero armonizarlos con un ajustado empleo de los recursos que, integrando a los propios profesionales en el proceso, conduzca a una asistencia de calidad y al mismo tiempo eficiente. La sanidad privada de nuestro país, a pesar de verse afectada por la difícil situación general, puede estar en condiciones de afrontar de forma satisfactoria este reto.

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