Martes, 28 de septiembre de 2021   |  Número 139
La innovación es esperanza
Editorial

En la jornada de innovación impulsada desde la Fundación IDIS con la colaboración de Farmaindustria y Fenin se abordaron temas diversos relacionados con la aportación de la I+D+i no solo en el plano de la salud y la sanidad, sino también como motor del desarrollo de nuestro país y como crisol del cambio de modelo económico que precisamos y en el que estamos embarcados.

A lo largo de la jornada se tocaron múltiples temas que bien pudieran ser los epígrafes principales de un máster especializado sobre este asunto, dado lo oportuno de los diferentes bloques, la calidad de las ponencias y el nivel de todos los participantes.

A lo largo de cada una de las exposiciones se pudo determinar una serie de denominadores en común, el de la necesidad de impulsar la cooperación privada-pública en todos los órdenes y sentidos, el de establecer los principios y medidas que aseguren la equidad y el acceso a la innovación en su más amplia extensión, el de impulsar de una forma decidida la innovación tecnológica y de procesos y procedimientos, el de plantear una reforma del sistema tomando como base a la innovación desde un punto de vista holístico e integral y el de situar a los pacientes y a los profesionales en el eje de toda toma de decisiones que les atañen en términos de salud y sanidad.

“La innovación es esperanza” tal y como expresó la representante de los pacientes en la jornada, innovar en el entorno farmacéutico, biofarmacéutico, biotecnológico, tecnológico o de gestión significa abrir una ventana por la que penetre un rayo de luz que cercene la incertidumbre y la preocupación que envuelve a todos aquellos que están pasando por los momentos más duros y difíciles asociados a la enfermedad.

Ante un escenario de cambio y evolución acompasada con las necesidades que plantea la sociedad, la simbiosis entre colaboración público-privada, innovación, pacientes y profesionales, además de ser clave, genera múltiples ejemplos de éxito, uno de ellos y como botón de muestra está relacionado con la prevención de la fragilidad asociada en tantas ocasiones a la cronicidad y el envejecimiento. Son múltiples las patologías que afectan al ser humano, pero si hay una condición asociada a algunas de ellas, especialmente en edades avanzadas de la vida, es la fragilidad, la vulnerabilidad acuciante y la dependencia que generan en personas en las que la cronicidad y la comorbilidad son una constante.

El denominado síndrome de fragilidad es una afección que se produce fundamentalmente en personas afectadas por procesos intercurrentes crónicos de diversa naturaleza con especial prevalencia en personas mayores. Su implicación clínica es muy relevante puesto que supone un deterioro físico y psicológico evidente lo que conlleva una complejidad añadida a su ya difícil situación somática.

Este problema que no es menor se ve agravado por dos circunstancias fundamentalmente. La primera, el hecho de que la esperanza de vida se va incrementando progresivamente, lo que conlleva un cambio evidente en el perfil sociodemográfico poblacional; y la segunda, consecuencia de la anterior, el avance de la cronicidad y la concomitancia de los procesos crónicos, lo cual supone un incremento en la presión asistencial y por supuesto una carga importante en la vertiente sociosanitaria de este tipo de procesos.

España no es ajena a esta situación, sino más bien todo lo contrario una vez que se encuentra entre los 5 países más envejecidos del mundo. De hecho, en el año 2050 nuestro país disputará el primer lugar a países como Japón o Corea tal y como refleja la propia OCDE en sus sucesivos informes.

Reconocer y entender la fragilidad supone un cambio de mentalidad, pasando de las estrategias centradas en el tratamiento de las enfermedades a otras basadas en la detección e intervención en fases tempranas del deterioro funcional. Más del 40% de los adultos mayores de 50 años experimentan alguna limitación funcional, alrededor del 40% de la población de edad avanzada puede ser identificada como prefrágil y el 15 % como frágil o ligeramente discapacitada. Los sistemas sanitarios han de enfrentarse a esta realidad y, consciente de ella, la Unión Europea ha puesto en marcha investigaciones como el proyecto FACET, que persigue mejorar la calidad de vida de 13,05 millones de personas.

Diversas organizaciones académicas, asistenciales, farmacéuticas y tecnológicas, desde España, han participado en dicho proyecto de investigación para el seguimiento médico en domicilio de personas mayores con fragilidad, una iniciativa de gran valor añadido que se sitúa bajo el paraguas del EIT Health organización financiada por la Unión Europea, que, “se estableció en 2015, como una comunidad de conocimiento e innovación (KIC) del Instituto Europeo de Innovación y Tecnología (EIT)”.

La iniciativa innovadora basada en tecnología digital permite monitorizar y controlar al paciente en su domicilio y que el médico pueda prescribir de forma remota un plan terapéutico y personalizarlo según la evolución del paciente en su hogar, monitorizándolo de forma continua. El ensayo clínico (prospectivo, aleatorio y ciego) ha estudiado la evolución de varones con una media de edad de 82 años y mujeres con una media de 65 años monitorizándolos para detectar el inicio de la fragilidad y evaluar su evolución.

Los resultados de esta iniciativa colaborativa público-privada mostraron que las personas participantes en el mismo y por lo tanto monitorizadas y siguiendo planes personalizados de actuación experimentaron un retraso tanto en la progresión de la fragilidad como en las transiciones hacia ella a partir del tercer mes de observación. Por otro lado, el estudio expone el acento en que el consumo de recursos sanitarios es inferior, así como la presión asistencial resultante, todo ello debido a los planes terapéuticos interpuestos y las recomendaciones de hábitos saludables adaptados e individualizados.

Este es un claro ejemplo de los diversos proyectos asentados en la cooperación entre el emprendimiento privado en sanidad y la vertiente pública de nuestro sistema sanitario cuyos resultados permitirán un abordaje más eficiente de la enfermedad con unos mejores resultados de salud y sanitarios, todo ello en aras a desarrollar una medicina más personalizada, predictiva, preventiva y precisa que sin duda es hacia donde nos dirigimos.

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