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Viernes, 16 de diciembre de 2016   |  Número 87
EDITORIAL
 
La interoperabilidad es ya una necesidad imprescindible
 
Pocos proyectos hay de la envergadura y la trascendencia de los últimos acometidos, desarrollados e impulsados desde la Fundación IDIS. La acreditación QH (Quality Healthcare) que reconoce el esfuerzo realizado por las organizaciones asistenciales públicas y privadas en la senda de la calidad, el proyecto de cuidados intermedios en el ámbito sociosanitario íntimamente relacionado con la cronicidad y la dependencia y el proyecto de interoperabilidad hoy transformado ya en una realidad.

Calidad e interoperabilidad son dos conceptos íntimamente ligados, dos caras de una misma moneda que redundan en una mejora de los resultados de salud, una mejora de la eficiencia en la gestión y en un impulso definitivo a la hora de aportar un mejor servicio asistencial para el paciente y el ciudadano en general.

Con los datos en la mano podemos afirmar que todavía hoy el paciente, en general, no es el eje sobre el que pivotan los servicios que ofrecen los Sistemas de Salud, encontrando obstáculos para poder ejercer sus derechos contemplados en la Ley de Autonomía del Paciente, entre otras. Asimismo, existen también problemas y complejidades para profesionales y organizaciones, ya que los médicos acceden a la información clínica de sus pacientes sin plenas garantías de que esté completa, contrastada y actualizada debido fundamentalmente al tránsito de los pacientes por diferentes centros y servicios. Y, por otro lado, existe desconexión y falta de consenso entre todos los agentes del ámbito de la salud para alcanzar un modelo accesible, óptimo y común. Pero según apuntan los expertos todos estos problemas tendrían solución a través de sistemas interoperables. 

Por otro lado el envejecimiento de la población, el aumento de las enfermedades crónicas, el desarrollo tecnológico vinculado a una ingente cantidad de datos e información y el acceso creciente de la población a las innovaciones tecnológicas hacen necesario un cambio en la gestión hospitalaria que facilite el acceso del paciente (propietario de sus datos de salud) y el profesional a toda la documentación clínica disponible y proveniente de aquellos centros por los que el paciente haya transitado.

Desde la Fundación IDIS sabemos que la interoperabilidad de los sistemas tecnológicos ayuda a optimizar la calidad, eficacia y eficiencia de los servicios sanitarios y contribuye además a la mejora continua de la calidad de los mismos.

Hace un año presentamos un modelo de interoperabilidad organizativa que perseguía posicionar al paciente en el centro de los procesos. Doce meses después, se puede decir que ese modelo es viable en la práctica, a través de la plataforma 'Mi e-Salud', una herramienta que busca generar un sistema sanitario integrado en la que el paciente pueda transitar con absoluta libertad en cualquier entorno y pueda disponer de la información clínica completa en cualquier lugar, siendo todo ello accesible para el profesional sanitario de una forma ágil y segura.

En cierto modo, la integración de los sistemas tecnológicos juega un papel importante en la seguridad del paciente y, además, va a suponer un desahogo en el consumo de recursos sanitarios (evitando duplicidades y redundancias de consultas y pruebas diagnósticas) facilitando la precisión en el seguimiento de los pacientes, reduciendo los errores médicos y, por lo tanto, mejorando los resultados de salud bajo una prima de eficiencia.

‘Mi e-Salud’ es una app a través de la cual el paciente puede compartir con el médico o el profesional sanitario su información de salud custodiada en cualquier centro sanitario adscrito al proyecto, independientemente de su titularidad.

Sin duda, el paciente es el mayor beneficiario de este modelo que propone la Fundación IDIS, porque adquiere un papel activo en el cuidado de su salud y el control de su historial. Así, por ejemplo, puede acceder a su información clínica desde cualquier lugar, centralizar la información de distintas organizaciones en un único punto o compartir información con otro profesional médico con el objetivo de obtener una segunda opinión sobre un caso terapéutico concreto.

Para el profesional también es un proceso positivo, debido a que existe una práctica clínica cooperacional (donde se evalúan todos los informes realizados por cualquier profesional) y se mejora la eficiencia de los procesos asistenciales (se incrementa la calidad de la atención asistencial al contar con información más completa y contrastada con pacientes). En lo que respecta a los beneficios para las organizaciones asistenciales, la ventaja principal se encuentra en la seguridad al garantizar el correcto tratamiento de los datos personales de los pacientes. Además, se puede destacar la continuidad asistencial, el cumplimiento de las competencias, la eficiencia o la situación en la vanguardia, entre otros beneficios.

La incorporación de una entidad al modelo requiere disponer de los informes de los pacientes en formato electrónico, de un sistema de identificación unívoco de paciente, de un sistema con acceso a Internet y debe también permitir la recuperación telemática de la información. Por el momento, han participado dos grupos hospitalarios en el proyecto (HM Hospitales y Quirónsalud) y se espera alinearlo con otras experiencias en nuestro país, en Europa y en Estados Unidos.

Hoy en día no hay nada que pueda contribuir más al cambio en nuestro sistema sanitario que un paciente bien informado, corresponsable en la gestión de su propia salud, y un profesional sanitario que realiza la labor asistencial con los mayores estándares de calidad, seguridad y resultados, todo ello a través de herramientas innovadoras que enfatizan la relación médico-paciente.

Tal y como expresó Julio Mayol, director médico y director de la Unidad de Innovación del Hospital Clínico San Carlos de Madrid en la jornada de presentación de ‘Mi e-Salud’, “la interoperabilidad no es una opción, sino que es un requisito para los sistemas sanitarios. Por un lado, permite ejercer mejor el servicio que ofrecemos a los ciudadanos y, por otro, evita problemas de seguridad. La mala o ausente interoperabilidad puede derivar en daños o efectos adversos para los propios pacientes”.

 

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