Lunes, 23 de mayo de 2022   |  Número 147
La medicina que ya es y que viene
Editorial

Nos asomamos a una nueva era de la medicina en la que la tecnología da la mano a la pericia y conocimientos de los profesionales sanitarios, un hecho que por sí mismo no debe generar preocupación porque es bueno en sí mismo, sino ocupación, es decir establecer una estrategia transversal que busque lograr el mayor grado de sinergias posibles entre los diferentes agentes que componen el sector sanitario.

Las profesiones sanitarias están viendo recrecer su grado de colaboración y necesidad de nuevos conocimientos y destrezas en territorios que hasta ahora estaban destinados a ingenieros, matemáticos y bioestadísticos especializados en la medicina genómica, biofísicos moleculares, científicos de datos (analistas de datos sanitarios que den sentido a los macrodatos), programadores informáticos y analistas de sistemas, especialistas en ciberseguridad, expertos en aprendizaje profundo (entrenador de algoritmos), estrategas de estilos de vida para guiar a los pacientes según sus datos de salud, cirujanos en remoto para realizar cirugías a distancia, expertos en bioimpresión para el diseño de órganos sintéticos, terapeutas de realidad virtual para tratar a los pacientes con "nuevas realidades", especialistas en impresión 3D, etc.

La medicina personalizada, de precisión y predictiva asientan sus bases en el resultado de una actividad sincrónica y diseñada estratégicamente en la que participen todos aquellos profesionales altamente especializados que puedan aportar valor a la mejora de los resultados sanitarios y de salud del individuo y de la población, de su calidad de vida y de su bienestar.

Dicen los expertos que en este momento estamos tan solo en la antesala de lo que la ciencia va a poder ofrecernos en este contexto tan complejo como es el de la vida y, junto a ella, emerge con fuerza un aspecto que no por ser cualitativo y por lo tanto subjetivo deja de tener una importancia clave, el de los valores, es decir, el profesionalismo asociado al ejercicio de una profesión tan loable, vocacional y plausible como es el de la medicina.

En términos de vanguardia, el sistema sanitario tiene que estar por lo tanto abierto a planes y reformas basados en la investigación y la innovación responsable y a creer y apostar culturalmente por la digitalización de sus procesos y procedimientos. En este sentido, es fundamental realizar una implantación y evolución digital disruptiva, que cambie el statu quo de las cosas (como obligación, no como opción) que se actualice el parque tecnológico y que se desarrollen planes estratégicos asentados en una atención sanitaria ubicua y personalizada.

En todos los órdenes de la vida es importante lo que hacemos contando con los mejores profesionales y con el mejor talento que hay que saber preservar y cuidar, pero tanto como ello es el cómo hacemos lo que hacemos, es decir, la satisfacción que somos capaces de generar en aquellos que son objeto de nuestra atención o que utilizan los bienes, productos y servicios que somos capaces de ofertarles. En este sentido, la experiencia de paciente en todo el ciclo generado alrededor de su salud ha de ser lo más positiva posible, puesto que está demostrado que el cómo también influye de una forma muy especial en el resultado obtenido.

Llegados a este punto, teniendo en cuenta que el profesional sanitario es el principal activo con el que cuenta el sistema y siendo clave la integración de las nuevas profesiones en el contexto asistencial e investigador, tanto o más es diseñar un sistema sanitario que dé respuesta a las necesidades presentes y futuras de la población y esto tiene nombres: estrategia, visión, capacidad, recursos suficientes, eficiencia, gobernanza y valor para acometer los retos y dificultades que van surgiendo en el camino.

Lo peor que le puede acontecer al sistema hoy por hoy es el que podría llamarse “Síndrome del Mago de Oz”, es decir no tener la capacidad de prever, prevenir y actuar; no disponer de sensibilidad hacia las necesidades y emociones que surgen de ellas de la población, del paciente en concreto; y no disponer del valor y el coraje suficiente para poner en marcha las medidas que aborden los graves problemas que tiene nuestro sistema nacional de salud y por ende nuestro modelo de sanidad.

El manifiesto que la Fundación IDIS propuso a la sociedad conserva su plena vigencia y no solo eso: es cada vez más urgente que se aborden cada uno de los diez principios planteados. Es necesario dotar a los ciudadanos de la mejor sanidad posible pensando en la situación actual y en dejar un legado de sostenibilidad en materia sanitaria que sume esfuerzos, no exento de liderazgo. Este sistema debe procurar obtener los mejores resultados sanitarios, sociosanitarios y de salud basados en atributos de calidad, seguridad, eficiencia, facilidad de acceso, equidad, resolución asistencial y experiencia percibida, a la vez que aprovechar todos los recursos disponibles independientemente de su titularidad, ya que solo de esa forma se podrá lograr un sistema sanitario solvente, viable, sostenible y competitivo que ejerza el liderazgo que le corresponde.

Un último apunte; en este contexto de cambio sustancial, de 180 grados, un aspecto asoma como botón de muestra de lo que puede ofrecer la cooperación privada-pública. Es la colaboración en el ámbito de la I+D y la innovación tal y como queda reflejada en los grandes proyectos que desde la Unión Europea estamos poniendo en marcha los países, las organizaciones, las instituciones y las empresas en entornos complejos como es el cáncer, las enfermedades neurodegenerativas, los procesos de enfermar de perfil inmunológico, las enfermedades poco frecuentes, etc. y para ello se hace imprescindible preservar la confidencialidad y privacidad de los datos; esto que parecía un nudo gordiano, un cuello de botella, ha encontrado también una solución tecnológica que abre la puerta al uso y compartición de datos para la investigación, algo que es fundamental si queremos avanzar de forma ágil y segura en la solución de patologías complejas que no tienen una solución definitiva hasta el momento.

En el marco del programa del Ministerio de Economía y Empresa de Tecnologías Habilitadoras Digitales de España es donde se desarrolla uTile PET (Privacy-Enhancing Technologies), una solución tecnológica que realiza cálculos de forma segura y privada sobre datos distribuidos de los pacientes, sin exponerlos ni moverlos de los hospitales o centros asistenciales, permitiendo a los centros de investigación y a la industria farmacéutica obtener información tan crucial como lo es la propia supervivencia: valor de los biomarcadores, pronósticos, edad media de los pacientes, etc., de los tratamientos clínicos sin comprometer la privacidad de los datos de los pacientes. uTile PET aprovecha los datos confidenciales para mejorar los algoritmos de aprendizaje automático y modelos analíticos, cumpliendo en todo momento con los requisitos organizativos, garantizando la privacidad de los datos, así como con las normativas vigentes.

Este avance que nos ofrece la ciencia sin duda que supone un buen ejemplo de lo que es y puede llegar a ser esta nueva era de la medicina. Un periodo que abre nuevas esperanzas a la hora de aportar vida, salud y bienestar a todos y para todos, especialmente para quienes en un momento dado sufren un proceso complejo de resultado incierto cuando menos.

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