Martes, 17 de noviembre de 2020   |  Número 130
La mortalidad de los infartos agudos de miocardio se reduce en el País Vasco hasta el 6,8%
En lo tocante a los síntomas del infarto, la mayoría de ocasiones no se presentan todos los síntomas, sino una combinación variable de algunos de ellos
Ignacio Díez González, cardiólogo de IMQ.

Un infarto agudo de miocardio (IAM) es la necrosis o muerte de una parte del músculo cardiaco, en el corazón, por una interrupción brusca del riego sanguíneo. Se produce a causa de un trombo que ocluye la arteria coronaria que lleva la sangre a esa zona del corazón. Al no recibir aporte sanguíneo, se produce la necrosis de la zona muscular afectada.

El proceso del IAM comienza cuando una placa u obstrucción de arteriosclerosis coronaria se rompe y provoca la formación de un trombo que ocluye la arteria.

En el momento de la obstrucción brusca de la circulación, si no se tiene acceso en minutos a un desfibrilador, se pueden desencadenar arritmias malignas que causen una muerte súbita. Si el territorio afectado es extenso, se puede provocar un fallo cardiaco o insuficiencia cardiaca aguda con edema de pulmón (acumulación anormal de líquido en los pulmones) e hipotensión graves.

En cuanto a las secuelas, cuanto mayor sea la cantidad de músculo muerto, menos fuerza tendrá el corazón (insuficiencia cardiaca); cuanto mayor sea la cicatriz, es más probable la aparición de posteriores arritmias.
En relación a los factores de riesgo que pueden causar el IAM, en primer lugar, se puede citar la predisposición genética del individuo, especialmente si padres o hermanos tuvieron un infarto agudo de miocardio a edades tempranas sin factores de riesgo importantes. También son factores de riesgo el hábito tabáquico, (principal factor de riesgo evitable), la hipertensión no controlada, el colesterol alto (principalmente, hipercolesterolemias familiares), obesidad, sedentarismo y, por último, edad avanzada.

En lo tocante a los síntomas del infarto, la mayoría de ocasiones no se presentan todos los síntomas, sino una combinación variable de algunos de ellos. Se puede citar un dolor similar a notar un peso o presión en la zona del esternón que no se modifica con los movimientos ni con la respiración, bastante intenso, y que, en ocasiones, se irradia hacia mandíbula, cuello y espalda, brazo izquierdo y, en algunos casos, brazo derecho. Se puede asociar a sudor frío, náuseas y mareo.

Tratamiento

Una vez que se ha producido el infarto agudo de miocardio, en un primer momento (en las primeras doce horas tras el infarto) es urgente reabrir lo antes posible la arteria ocluida para intentar minimizar la necrosis de músculo. Esto se realiza mediante un cateterismo por una arteria del brazo o de la pierna. Se trata de llevar un catéter hasta la arteria responsable, abriéndola y, en general, implantando un stent (un tubo pequeño de malla que se expande en la arteria) para estabilizar la lesión.

Si no se puede realizar un cateterismo en el tiempo apropiado, se puede inyectar por vena un fármaco para intentar disolver el trombo. Esto se denomina fibrinólisis.

El manejo posterior del infarto agudo de miocardio se realiza con fármacos antiagregantes (del tipo del ácido acetil salicílico) de forma crónica. Si se ha implantado un stent, se requerirá la toma de más de un antiagregante durante unos meses.

También es necesario un control estricto de los factores de riesgo. Asimismo, en las primeras semanas se debería iniciar un programa de rehabilitación cardiaca.

En general, si se ha revascularizado en un tiempo apropiado la zona infartada, el IAM será poco extenso y se podrá llevar una vida normal con reincorporación al ámbito laboral.

A veces, además de la arteria que se ha cerrado hay otras obstrucciones que puede hacer falta abrir en un segundo tiempo o dejar con el tratamiento médico.

En los pocos casos en los que se constata como secuela una insuficiencia cardiaca, se deberán seguir controles más estrictos y medicación específica.

¿Qué se ha de hacer si se tienen síntomas de infarto?

En caso de presentar síntomas sugestivos de infarto se debe contactar lo antes posible con el teléfono de emergencias 112, que valorará los síntomas y el tipo de atención necesaria. También se han de evitar los desplazamientos propios al hospital. Por último, si se tiene acceso a un desfibrilador, conviene tenerlo preparado por si se presentara una parada cardiaca, que es cuando puede ser usado.

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