Viernes, 18 de octubre de 2019   |  Número 118
Medicamento: más allá del valor sanitario
Por Javier Urzay, subdirector general de Farmaindustria.
Tribuna

Muchas voces coinciden en que la investigación biomédica es uno de los grandes ámbitos, junto a la digitalización y la transición ecológica, que configuran el presente y el futuro de una sociedad en plena revolución tecnológica. La investigación biomédica vive una suerte de revolución. Los cambios que en las últimas décadas han ido introduciendo los tratamientos biológicos, avanzando en la llamada medicina de precisión, nos han conducido a las puertas de las nuevas terapias génicas y celulares, que ya son realidad. Hablamos de terapias personalizadas. Todo ello está cambiando el horizonte de enfermedades graves, con una repercusión no sólo sanitaria, sino también económica y social.

Se tiende a hablar del medicamento, sin embargo, en términos de gasto, y por tanto como un problema para el erario público, cuando, al contrario, debe tratarse como una inversión, y por consiguiente como una solución. Es una solución para quienes padecen una enfermedad (y pacientes somos o seremos todos), pero también para los sistemas de salud, puesto que el medicamento aporta eficiencia a la prestación sanitaria. Ahorra en otros servicios sanitarios entre 2 y 8 veces su coste, e impulsa la productividad, dado que reduce bajas laborales y gasto en cuidadores, entre otros aspectos. Sólo los tratamientos en cáncer de mama y sida aumentan en 27.000 millones anuales la productividad en la Unión Europea.

A todo esto hay que sumar la aportación que en términos económicos y sociales supone la investigación que hacen las compañías farmacéuticas, y que es la principal movilizadora del tejido investigador público y privado. En España, la industria farmacéutica es líder en I+D, con más del 20% del total industrial, y casi la mitad de esa inversión se hace con terceros: hospitales, universidades...

Esta apuesta por la investigación tiene su reflejo en el empleo. La industria farmacéutica es el sector industrial español que más puestos de trabajo crea en el ámbito de la I+D: 5.000 profesionales dedicados a estas tareas a tiempo completo, de los que el 65% son mujeres. Una de cada cuatro investigadoras empleadas por la industria española en esta área trabaja en compañías farmacéuticas.

España ha dado un paso adelante en investigación clínica. Centros españoles participan ya en tres de cada diez ensayos en la Unión Europea. Los ensayos generan un circulo virtuoso con efectos muy positivos para el sistema sanitario, porque atraen inversiones para los centros y permiten mejorar la calidad asistencial; para los profesionales, que participan de la vanguardia de la investigación, con lo que suman reputación, formación y experiencia; para la industria farmacéutica, que puede contar con profesionales e instalaciones clínicas adecuadas para la I+D de nuevos medicamentos, y, sobre todo, para los pacientes, que pueden tener acceso temprano a los tratamientos más innovadores y beneficiarse de la experiencia investigadora de los médicos, esencial para su labor clínica.

Todos estos elementos (inversión creciente, personal dedicado a I+D, atracción de ensayos clínicos) son una magnífica plataforma de futuro, puesto que colocan a la industria farmacéutica como la palanca perfecta para dinamizar el tejido investigador biomédico en España, tanto en fase clínica como preclínica.

En la industria vemos esta oportunidad para España. No hay duda del valor sanitario del medicamento. Una visión más clara de su valor económico y social, que permite generar riqueza y eficiencia en el sistema sanitario, contribuirá a definir entre todos una estrategia para aprovechar la gran oportunidad que la revolución en investigación biomédica nos ofrece como país.

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