Martes, 28 de septiembre de 2021   |  Número 139
Nueve de cada diez personas que se suicidan verbalizan su propósito con anterioridad
El número de hombres que se suicidan triplica al de mujeres
Julia Rosa Bilbao, psiquiatra de IMQ.

En 2019, según los datos del Instituto Nacional de Estadística, un total de 3.671 personas murieron por suicidio en España, de las cuales 2.771 eran hombres y 900 eran mujeres. Ante esta realidad, tanto en los medios de comunicación como en la sociedad en general, surge la misma pregunta: ¿hablar o no hablar del suicidio? En este sentido, la Dra. Julia Rosa Bilbao, psiquiatra de IMQ, destaca la ayuda que pueden prestar los medios de comunicación y las redes sociales para informar sobre estrategias y recursos de prevención y para desterrar la existencia de mitos erróneos sobre la intención de suicidio: «Se dice en el ambiente popular que hablar sobre las ideas de suicidio con una persona que esté en riesgo incita a que lo realice. Esto no es cierto. Hablar puede aliviar la tensión y reducir el riesgo de que se lesione o se mate; y puede ser la única posibilidad que la persona tenga para analizar estos propósitos autodestructivos y buscar otra salida».

Además de lo anterior, la experta expone otra creencia popular equivocada: ‘el que expresa su deseo de acabar con su vida, no lo hace finalmente’. «Las investigaciones muestran que de cada diez personas que se suicidan, nueve verbalizaron claramente sus propósitos con anterioridad y la otra dejó entrever sus intenciones de acabar con su vida. Por lo tanto, estas señales nunca pueden ser consideradas a priori como un chantaje o manipulación de la persona para la obtención de un fin determinado».

El suicidio entiende de sexos y no es igual en todas las regiones. Aunque en el mundo se suicidan más del doble de hombres que de mujeres (12,6 por cada 100.000 hombres frente a 5,4 por cada 100.000 mujeres), en España y en Euskadi, esta proporción llega a ser del triple. Según las últimas informaciones del Instituto Vasco de Estadística (EUSTAT), con datos referidos a 2020, en la comunidad autónoma vasca se suicidaron un total de 184 personas, de las que 139 fueron hombres y 45, mujeres. Por territorios, Bizkaia registró 100 suicidios; Gipuzkoa, 57; y Araba, 27. En cuanto a las franjas de edad, la comprendida entre los 40 y los 49 años es la que más suicidios acumula, seguida por la de 50 a 59 años.

Señales de alarma

La Dra. Julia Rosa Bilbao apunta algunas señales de alarma que pueden sugerir que una persona está pensando en suicidarse. «En primer lugar, una señal de alarma se da cuando la persona piensa a menudo en el suicidio, no puede dejar de darle vueltas, no ve ninguna salida a su situación o verbaliza directamente la idea o la posibilidad de suicidarse. Otra señal de alarma la tenemos cuando la persona lleva a cabo determinados preparativos relacionados con su desaparición, como arreglar documentos o cerrar asuntos o trámites. Por último, es necesario prestar atención también a la aparición de cambios repentinos en su conducta como un aumento significativo de la irritabilidad, autolesiones, un incremento de la ingesta de bebidas alcohólicas en cantidades y frecuencia superiores a las habituales, grandes fluctuaciones del estado de ánimo, etcétera».

¿Cómo hablar con una persona con ideas suicidas?

«Cuando nos encontramos con una persona con ideas de suicidio, para ayudarle es necesario que nosotros cuidemos nuestra posición y actitud respecto a él o ella, que debe ser de total respeto a la persona (sin criticar, juzgar, discutir, desafiar o utilizar sarcasmos) y en una disposición de escucha auténtica y reflexiva sin entrar en pánico. Una comunicación basada en el respeto y comprendiendo la situación de crisis que la persona está viviendo, permite abrir un camino para buscar alternativas, como ayudarle a pedir asistencia profesional especializada, acompañarle a urgencias para que sea valorado y brindar apoyo emocional en el proceso para favorecerle en la recuperación», explica la psiquiatra de IMQ.

Por otro lado, desde el punto de vista social y político, «es importante mantener el debate sobre el suicidio y darle visibilidad para instaurar y mejorar protocolos que faciliten la prevención».

¿Qué lleva a una persona a suicidarse?

Para la Dra. Julia Rosa Bilbao, no existe ninguna teoría que explique el suicidio de una forma completa. «El suicidio puede ser una consecuencia de la desesperación intensa a la que llega una persona debido a la presencia de una enfermedad mental, abuso de sustancias, ludopatía, enfermedad física y otros. La presencia de enfermedades mentales en el momento del suicidio varía entre el 27 y el 90% de los casos. El abuso de sustancias es el segundo factor de riesgo más común. En muchos casos, el abuso de sustancias está asociado con algunos trastornos mentales».

Si bien la relación entre el suicidio y trastornos mentales es conocida, no es el único motivo. «Hay casos en que se da en personas en situaciones de crisis que se sienten incapaces de afrontar, como problemas de salud (enfermedades, dolor crónico…), problemas económicos, de relación interpersonal, bulling, abusos sexuales, estados psicológicos, aislamiento desesperanza, pérdidas y un largo etcétera».

La pandemia no ayuda

Según concluye la psiquiatra de IMQ, «un dato que nos ha alarmado a los profesionales sanitarios es que la pandemia ha deteriorado en general la salud mental. Se ha producido un aumento de demanda en atención y de asistencia a urgencias en general. Los niños y jóvenes han sido un grupo especialmente vulnerable. Este periodo marcado por la enfermedad, pérdidas, incertidumbre en múltiples áreas (económicas, salud...) y  aislamiento social, ha puesto de manifiesto las carencias y miedos que cada persona posee, y hemos tenido una mayor demanda por cuadros de ansiedad, depresiones y, como consecuencia, un potencial mayor riesgo de suicidio».

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