Jueves, 11 de abril de 2019   |  Número 113
Uno de cada diez niños entre 4 y 13 años padece bruxismo
El estrés es uno de los principales factores de riesgo para desarrollar esta dolencia
Según los datos del Estudio Sanitas de Salud Bucodental 2019

Aunque el bruxismo es una dolencia que se asocia a los adultos, lo cierto es que en los últimos años se ha registrado un incremento de los casos en edades tempranas. Según los datos del Estudio Sanitas de Salud Bucodental 2019, uno de cada diez niños de entre 4 y 13 años ha sufrido este trastorno en el último año. Esto supone un aumento de cuatro puntos porcentuales sobre la anterior edición del estudio.

En la mayoría de las ocasiones, el bruxismo infantil aparece entre los 6 y los 10 años como parte de un proceso fisiológico natural que estimula el crecimiento de los músculos y huesos de la cara, por lo que suele desaparecer al llegar a la adolescencia, con la aparición de los incisivos y muelas permanentes. Sin embargo, hay que considerar que esta dolencia puede llegar a causar “un elevado desgaste dental, dolor en la cavidad oral y distintos grados de afectación muscular”, apunta Berta Uzquiza, odontóloga de la Dirección Asistencial de Sanitas Dental.

Si el rechinado de los dientes se mantiene en el tiempo, es recomendable visitar al odontopediatra para que determine las causas y evalúe posibles soluciones. La prevención en estos casos es fundamental, ya que puede evitar posibles males mayores. Para disminuir el hábito del bruxismo, desde Sanitas Dental identifican las necesidades de sus pacientes de tal modo que se puedan aplicar las mejores soluciones para él. Como explica Berta Uzquiza, “en casos de bruxismo persistente la férula de descarga es fundamental, puesto que protege el sistema masticatorio”. Sin embargo, “cuando se trata de bruxismo severo en dentición temporal, especialmente cuando los molares definitivos están empezando a salir, el uso de coronas que rehabiliten la mordida es la elección adecuada”, indica la odontóloga.

Junto a esto, Fernando Dorrego, fisioterapeuta de Blua de Sanitas, recomienda realizar un mínimo de 30 minutos de ejercicios diarios para reducir la tensión de la mandíbula, preferiblemente antes de dormir. Algunas propuestas sencillas y divertidas para realizar con niños serían:

- El pez globo: llenar la boca de aire, hinchar los carrillos, aguantar la respiración y soltar el aire, relajando la musculatura. Repetir 5 veces.

- La culebra: dibujar a lo largo de la mandíbula el recorrido que haría una culebra al moverse. Repetirlo en ambos laterales 5 veces.

- La piraña: sacar la mandíbula hacia fuera y cubrir el labio superior con el inferior. Repetir 5 veces. 

- Tirón de orejas: tirarse de las orejas para descomprimir el hueso temporal. Repetir 10 veces.

- El juego de la A: intentar pronunciar todas las vocales, manteniendo la mandíbula en la posición de la A y evitando cerrar la boca. Repetir 2 veces por cada vocal.

- Dibujar círculos: dibujar en el aire círculos con la mandíbula. Realiza los círculos en un sentido y en otro. Repetir 5 veces por cada lado.

Cuidado con el estrés

Además del proceso de dentición, el estrés es uno de los principales factores de riesgo para desarrollar bruxismo en edades tempranas. Uno de cada tres niños se siente agobiado en España, de acuerdo con los datos de la OMS. En el caso de los adolescentes mayores de 13 años, el dato asciende a más de la mitad. Los niños pueden sentirse agobiados por numerosos motivos, principalmente “la llegada de un hermano, mudanzas, ambiente tenso en el hogar, episodios de hospitalización, problemas relacionales en el colegio o presión por exámenes”, según comenta Grecia de Jesús, psicóloga de Blua de Sanitas. Un niño agobiado puede mostrar cambios bruscos de conducta, bajo rendimiento escolar, mal comportamiento, alteraciones en el sueño, enuresis e incluso dolor físico en el estómago o la cabeza.

Cuando el motivo del bruxismo infantil tiene una causa emocional, es conveniente buscar asesoramiento en un equipo terapéutico que nos ayude a determinan el quid de la cuestión y acabar con este hábito. No únicamente para favorecer una correcta salud bucodental y prevenir problemas de maloclusión en el futuro adulto, sino también para mejorar el bienestar del paciente.

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