Martes, 16 de febrero de 2021   |  Número 133
Vacunación en tiempos de pandemia
Por Fernando Murgaza, director de Desarrollo Corporativo y Comunicación de la Fundación IDIS.
Tribuna

La vacunación es esencial siempre, es un elemento de prevención primaria clave, especialmente cuando se producen situaciones de grave estrés sanitario motivado por una pandemia como es el caso que estamos viviendo.

Es importante señalar y destacar el ingente esfuerzo que están haciendo los investigadores y personal de los diferentes centros de investigación y unidades de ensayos clínicos, los profesionales sanitarios, así como las autoridades regulatorias para disponer en un breve periodo de tiempo de herramientas preventivas y terapéuticas eficaces en la solución a esta infección motivada por el SARS-CoV-2 (COVID-19) que está causando tanta incertidumbre, tanto dolor por la pérdida de tantas personas y tanta preocupación por todas sus consecuencias sociales, económicas y laborales fundamentalmente.

La vacunación junto con las medidas de prevención y un tratamiento lo más específico posible son los tres elementos más importantes a la hora de tratar de controlar y erradicar un problema de salud pública como este.

A lo largo de estos dos primeros meses de este año se han venido produciendo anuncios relativos a las diferentes vacunas en cuanto a porcentaje de eficacia, producción, distribución, contratos de compra, estrategias de vacunación, prioridades en su administración, todo ello unido a las todavía preocupantes cifras de infectados, hospitalizaciones en planta y UCI y fallecimientos. Todo un torrente de información que a veces es complicado digerir y menos establecer un criterio claro que evite incertidumbres, confusión y dudas.

Uno de los aspectos que más me ha llamado la atención en este contexto es el hecho recogido en los medios de comunicación de que los profesionales de la sanidad privada que se encuentran en primera línea hayan sufrido retrasos en la vacunación frente a la Covid-19, especialmente en algunos territorios, una situación incomprensible máxime teniendo en cuenta que ni el virus ni la enfermedad entienden de titularidades y el proceso de enfermar y sus consecuencias son iguales para todos y no admiten esperas.

En nuestro entorno geográfico natural de la Unión Europea no existen diferencias entre unos profesionales y otros, todos son sanitarios que están luchando contra la enfermedad con todo su compromiso, esfuerzo y dedicación, muy por encima de sus posibilidades y por lo tanto son los primeros a los que hemos de proteger, no existen diferencias de prioridad.

En países y territorios dentro de esos países como Alemania, Francia, Italia, Suiza, Austria, Grecia, Polonia o Rumanía entre otros, el personal de los centros asistenciales privados recibe el mismo trato que el de los centros de titularidad pública y se programa su vacunación en momento y formato únicos, con un solo calendario estratégico.

Cuidar a quienes nos cuidan es básico y llegados a este punto la titularidad no debería ser un condicionante y estar por lo tanto en el foco del debate; lo lógico es que el grado de prioridad que se determine sea el mismo se trabaje en el entorno sanitario que se trabaje, sea público o pertenezca al ámbito privado.

La suma de todos y la multiplicación de esfuerzos aportan valor a la sanidad y la utilización de todos los recursos disponibles del sistema independientemente de su titularidad es básico siempre, pero muy especialmente en situaciones de grave estrés sanitario como el actual. Tener en cuenta todo el potencial, estructura y recursos de la sanidad de titularidad privada en el proceso de inmunización y administración de las diferentes vacunas que ya existen en el mercado es sin duda un tema que hoy adquiere una especial relevancia.

Para finalizar esta breve reflexión me gustaría hacer dos consideraciones; la primera, referida a la necesidad de escuchar la voz de los pacientes en general a través de sus respectivos movimientos asociativos siempre y especialmente ahora. Ellos pueden aportar mucho en este momento de crisis si tenemos en cuenta que hay procesos graves, crónicos en muchos casos, a los que hay que prestar una especial atención en este instante en el que la inmunización está ya en marcha. Y la segunda, muy relevante también, tener en cuenta el papel de las tecnologías de la información y la comunicación en la estrategia vacunal y en la predicción y solución de problemas emergentes de salud pública que pudieran surgir en el futuro.

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