Introducción: qué es el EHDS y por qué cambia las reglas del juego
El European Health Data Space (EHDS) es el nuevo marco impulsado por la Unión Europea para permitir el intercambio seguro, estandarizado y transfronterizo de datos de salud. Su ambición es doble: mejorar la atención al paciente en cualquier punto de Europa y, al mismo tiempo, habilitar un uso secundario de los datos que impulse la investigación, la innovación y la planificación sanitaria, todo ello bajo un estricto cumplimiento de las normas de protección de datos. Aprobado a principios de 2025, el EHDS no es sólo una declaración de intenciones: establece un calendario concreto de implantación que culmina en 2029, momento en el que cualquier sistema o aplicación sanitaria que quiera operar en el mercado europeo deberá cumplir de forma íntegra los requisitos de interoperabilidad, seguridad y gobernanza definidos en la regulación. Esto introduce presión tanto para los proveedores tecnológicos como para las organizaciones sanitarias y las administraciones públicas.
En este contexto, el EHDS deja de ser un debate teórico para convertirse en un desafío operativo inmediato. Ya no se trata solo de digitalizar, sino de hacerlo de una forma coherente, interoperable y alineada con un marco europeo común. La pregunta clave ya no es si el EHDS es necesario, sino si los sistemas sanitarios están realmente preparados para asumirlo sin perder foco clínico, continuidad asistencial y confianza.
Tras los debates mantenidos en el Spain Healthcare Innovation Summit 2025, emerge una idea con fuerza: el mayor riesgo del EHDS no es no llegar a tiempo, sino llegar habiendo cumplido formalmente la norma, pero sin haber desarrollado la capacidad real para transformar los datos en valor clínico y organizativo. Europa ha definido con bastante precisión el qué. La gran incógnita sigue siendo el cómo.
De la interoperabilidad técnica a la continuidad asistencial
Durante años, la interoperabilidad se ha abordado principalmente como un problema técnico. El foco ha estado en estándares, mensajería, APIs y arquitecturas de integración. Este enfoque ha permitido avances significativos y hoy muchas organizaciones pueden afirmar que intercambian datos entre sistemas. Sin embargo, el EHDS pone de manifiesto que este nivel de interoperabilidad es necesario, pero claramente insuficiente. Conectar sistemas de manera holística no es únicamente conectar técnicamente procesos. En la práctica, gran parte de los entornos sanitarios siguen funcionando como una suma de episodios aislados: consultas, pruebas, ingresos, altas. La información viaja, pero lo hace sin una visión longitudinal coherente del recorrido del paciente.
El EHDS exige un salto conceptual hacia la continuidad asistencial real. Los datos deben acompañar al ciudadano a lo largo de todo su itinerario, preservando su significado clínico y siendo comprensibles y reutilizables independientemente del contexto en el que se generen. Esto introduce con fuerza la necesidad de interoperabilidad semántica y organizativa, dos dimensiones que siguen siendo el punto débil de muchos sistemas nacionales y regionales.
Sin esta capa, existe el riesgo de construir un espacio europeo de datos técnicamente correcto, pero clínicamente irrelevante: grandes volúmenes de información intercambiados sin impacto tangible en la toma de decisiones ni en la experiencia del paciente.
Gobernanza del dato: el verdadero reto del EHDS
Uno de los mensajes más claros del Spain HIS 2025 es que los principales bloqueos del EHDS ya no son tecnológicos. Son organizativos, culturales y de liderazgo. El marco europeo obliga a responder preguntas que durante años se han pospuesto: quién gobierna el dato, quién define los modelos comunes, cómo se coordinan territorios con distintos niveles de madurez y cómo se evita reproducir silos bajo nuevas denominaciones.
El riesgo de fragmentación es real. La proliferación de “espacios de datos” creados de forma aislada puede generar una nueva capa de complejidad que, paradójicamente, vuelva a necesitar ser interoperada. Sin una gobernanza clara y una visión compartida, el EHDS puede amplificar la fragmentación existente en lugar de corregirla.
Desde una perspectiva pragmática, la interoperabilidad debe pensarse de arriba hacia abajo. Primero los objetivos asistenciales y de sistema, después la gobernanza y los procesos, y solo entonces la tecnología. Invertir este orden suele conducir a soluciones técnicamente sofisticadas, pero difíciles de mantener, poco utilizadas por los profesionales y desconectadas del valor clínico real.
España ante el espejo europeo y la hoja de ruta hacia 2029
España no parte de cero. Existen activos relevantes: una historia clínica interoperable a nivel nacional, un modelo de receta electrónica común, avances notables en digitalización sanitaria y proyectos de alto valor en ámbitos como la genómica o la analítica poblacional. Estos elementos sitúan al sistema español en una posición intermedia dentro del contexto europeo. Sin embargo, el salto al EHDS implica un nuevo nivel de exigencia. No se trata únicamente de adoptar estándares europeos, sino de alinear semántica, procesos y gobernanza con una lógica verdaderamente supranacional. Esto requiere coherencia sostenida en el tiempo, inversión continuada y, sobre todo, capacidad organizativa para escalar desde iniciativas regionales hacia un marco común europeo.
Una hoja de ruta realista hacia 2029 debería apoyarse en cuatro pilares fundamentales.
En primer lugar, una gobernanza del dato clara, con roles definidos y mecanismos efectivos de coordinación entre niveles regionales, nacionales y europeos. En segundo lugar, el uso de estándares de interoperabilidad con sentido clínico, entendidos como herramientas al servicio de los procesos asistenciales y no como un fin en sí mismos.
El tercer pilar es el desarrollo de capacidades organizativas y talento. La escasez de perfiles expertos en interoperabilidad, gobierno del dato e informática médica es hoy uno de los principales cuellos de botella. Sin estas competencias, ningún marco regulatorio será sostenible. Por último, un foco explícito en el valor: impacto clínico, reducción de duplicidades, mejora de la experiencia del paciente y eficiencia del sistema.
Conclusión: llegar a tiempo no basta
El European Health Data Space representa una oportunidad histórica para convertir los datos de salud en un bien público digital al servicio de la asistencia, la investigación y la innovación. Pero también es una prueba de madurez para los sistemas sanitarios europeos.
2029 puede parecer lejano, pero los cambios técnicos, legales y organizativos que exige el EHDS requieren decisiones hoy. El verdadero fracaso no sería no llegar a tiempo, sino llegar sin haber cambiado nada esencial. La pregunta, tras el Spain HIS 2025, ya no es si el EHDS es necesario, sino si estamos dispuestos a utilizarlo como una palanca real de transformación del sistema sanitario.