Jueves, 28 de mayo de 2026   |  Número 191
"La innovación bien utilizada no es un gasto, es una inversión en salud"
Con motivo del 150 aniversario de Lilly, su presidente y general manager para España, Portugal y Grecia, Julio Gay-Ger, repasa los hitos y los desafíos de un modelo asistencial en plena evolución
Julio Gay-Ger.

Con motivo del 150º aniversario de Lilly, su presidente y general manager para España, Portugal y Grecia, Julio Gay-Ger, repasa los hitos y los desafíos de un modelo asistencial en plena evolución. El directivo aboga por un cambio profundo de perspectiva en el abordaje de enfermedades crónicas complejas como la obesidad y la diabetes, recordando que el verdadero legado de la ciencia consiste en transformar y mejorar de forma tangible la calidad de vida de las personas.

En esta entrevista, Gay-Ger analiza la urgencia de alinear los veloces tiempos de la investigación biomédica con los procesos administrativos de evaluación, financiación y acceso. Bajo su criterio, la innovación terapéutica no debe percibirse como una carga económica a corto plazo, sino como una inversión estratégica indispensable para asegurar la sostenibilidad del sistema sanitario a medio y largo plazo.

Asimismo, destaca el papel clave que juega España en la estrategia global de ensayos clínicos de la compañía y subraya el valor de la cooperación entre todos los agentes del sector. A través de alianzas y del diálogo con entidades como la Fundación IDIS, Lilly busca consolidar un modelo de salud innovador, eficiente y diseñado estrictamente en torno a las necesidades reales del paciente.

¿Cómo logra Lilly que su legado de innovación científica se traduzca hoy en mejoras directas y tangibles para la calidad de vida de los pacientes?

En Lilly llevamos 150 años demostrando que la ciencia bien aplicada transforma vidas. No es un eslogan: es la síntesis de lo que hemos hecho desde que en 1876 Eli Lilly fundó la compañía con la convicción de que los medicamentos debían ser de la máxima calidad y eficacia. Ese propósito no ha cambiado; lo que ha cambiado es nuestra capacidad de hacerlo realidad.

Hoy combinamos investigación biomédica de vanguardia, tecnología y una colaboración profunda con el ecosistema sanitario para dar respuesta a necesidades médicas que aún no tienen solución: la diabetes, la obesidad, la oncología, las enfermedades neurodegenerativas o la inmunología, entre otras. Y lo hacemos con un compromiso que va más allá del laboratorio: trabajamos codo con codo con profesionales sanitarios y organizaciones de pacientes, impulsamos la investigación en centros hospitalarios españoles y reforzamos nuestras capacidades industriales para que la innovación llegue al paciente cuanto antes.

En este 150 aniversario me gusta recordar que nuestro verdadero legado no está en el pasado, sino en lo que está por construir. Los próximos 150 años empiezan hoy, y se construyen con ciencia, con personas y con la determinación de seguir transformando el Sistema Sanitario.

¿Qué impacto aspira a generar la compañía en la salud pública global al liderar el cambio de paradigma en el tratamiento de enfermedades metabólicas como la diabetes y la obesidad?

Las enfermedades metabólicas son uno de los grandes retos sanitarios de nuestro tiempo. Solo en España, la obesidad afecta a uno de cada cinco adultos y está vinculada a más de 200 comorbilidades: diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, determinados tipos de cáncer… El coste humano es enorme, y el coste para los sistemas sanitarios, creciente.

En Lilly aspiramos a un cambio de paradigma profundo: que la obesidad sea reconocidas y tratadas como lo que son, enfermedades crónicas complejas con una base biológica clara, y no como el resultado de una falta de voluntad. Ese cambio de mirada es tan importante como los propios tratamientos, porque condiciona el abordaje integral de las intervenciones que pueden resolver este problema de salud.

El impacto que buscamos es doble: mejorar la salud y la calidad de vida de los pacientes, y contribuir a la sostenibilidad de los sistemas sanitarios a través de una inversión más eficaz y una reducción significativa de las complicaciones asociadas. La innovación bien utilizada no es un gasto es una inversión en salud.

¿Cuál considera que es el principal desafío actual para conseguir que la colaboración entre la industria y el sistema sanitario sea lo suficientemente ágil como para que la innovación llegue al paciente sin esperas?

El principal desafío es alinear los tiempos de la ciencia con los tiempos del sistema. La investigación avanza hoy a una velocidad sin precedentes; sin embargo, los procesos de evaluación, financiación y acceso siguen siendo lentos, y esa brecha tiene consecuencias reales para los pacientes.

Superarla exige trabajar en dos frentes de forma simultánea. El primero es estructural: necesitamos marcos regulatorios y de acceso con procedimientos más ágiles, construidos sobre evidencia científica y resultados en salud, y desarrollados en colaboración estrecha entre la administración, los profesionales sanitarios, la industria y las asociaciones de pacientes. España y Europa tienen el talento y la capacidad; el reto es convertirlos en acceso rápido y equitativo a la innovación.

El segundo frente es cultural: necesitamos una forma distinta de valorar la innovación terapéutica. Demasiadas veces su impacto presupuestario se percibe como una carga a corto plazo, sin incorporar el valor que genera a medio y largo plazo en términos de vidas mejoradas, complicaciones evitadas y hospitalizaciones reducidas. La obesidad es un ejemplo claro: tratarla correctamente hoy evita complicaciones cardiovasculares, metabólicas y oncológicas mañana. Una visión más longitudinal del valor de la innovación beneficiaría a los pacientes y, en última instancia, también a la sostenibilidad del sistema.

¿De qué manera garantizan que la experiencia real y las necesidades de las personas que sufren una patología sean el eje central de sus procesos de investigación y desarrollo?

La perspectiva del paciente no es para nosotros un elemento complementario, es el punto de partida. Trabajamos para incorporarla desde las fases más tempranas de la investigación y el desarrollo de fármacos, hasta la generación de evidencia en la práctica clínica habitual. Eso implica una colaboración continua con asociaciones de pacientes, médicos y centros hospitalarios que nos ayuda a entender no solo qué enfermedades hay que tratar, sino cómo impactan en la vida real de las personas.

España tiene un papel especialmente relevante en nuestra estrategia global de investigación clínica, gracias a la excelencia de sus investigadores y sus hospitales. Actualmente contamos en nuestro país con 102 estudios clínicos activos y la participación de más de 900 equipos de investigación, lo que nos convierte en uno de los principales países de referencia en ensayos clínicos a nivel europeo.

Además de la investigación, impulsamos iniciativas para poner de relieve el impacto social y asistencial de enfermedades como la obesidad o el alzhéimer, contribuyendo a que el sistema en su conjunto las aborde con la seriedad y los recursos que merecen. Porque la innovación solo genera valor verdadero cuando está alineada con las necesidades reales de los pacientes y mejora de forma tangible su vida cotidiana.

¿En qué hitos científicos o áreas terapéuticas tiene Lilly puestas sus mayores esperanzas para seguir transformando el futuro de la medicina durante los próximos cinco años?

Vivimos un momento científicamente apasionante. Contamos hoy con la cartera de proyectos en investigación más amplia y prometedora de nuestra historia: numerosos programas en fases clínicas avanzadas, con un volumen significativo de estudios en Fase III, lo que anticipa una década de nuevas opciones terapéuticas para los pacientes.

El área cardiometabólica es, sin duda, uno de nuestros grandes motores de innovación. Más allá de los tratamientos ya disponibles, seguimos desarrollando la siguiente generación terapéutica: moléculas con múltiples mecanismos de acción, formulaciones orales y nuevas indicaciones que amplían el impacto de nuestra investigación más allá de la diabetes y la obesidad, hacia otras patologías asociadas al riesgo cardiovascular y metabólico.

Al mismo tiempo, avanzamos con fuerza en oncología, alzhéimer e inmunología, tres áreas donde la medicina de precisión y las nuevas tecnologías están abriendo posibilidades que hace apenas una década parecían inalcanzables. La capacidad de personalizar los tratamientos en función del perfil biológico de cada paciente es una revolución en marcha, y Lilly está en el centro de ella.

¿Cómo valora la labor que realiza Fundación IDIS?

La Fundación IDIS desempeña una labor fundamental para el Sistema Sanitario español en su conjunto a través de la puesta en valor del sector privado. Su capacidad de reunir a todos los agentes relevantes — centros y organizaciones sanitarias privadas, profesionales sanitarios, empresas, pacientes a través de sus organizaciones— y orientar el diálogo hacia soluciones concretas es precisamente lo que el sistema necesita para afrontar los retos que tiene por delante.

Coincidimos con IDIS en la convicción de que avanzar hacia un modelo sanitario más innovador, integrado y centrado en el paciente requiere datos, colaboración público-privada y generación de conocimiento compartido. No son ingredientes opcionales; son la base sobre la que se construye un sistema sanitario verdaderamente sostenible.
Para Lilly, participar en las iniciativas de IDIS es una oportunidad para seguir contribuyendo a ese debate y para poner nuestra experiencia científica y terapéutica al servicio de los grandes desafíos de salud de nuestra sociedad. En un año en el que celebramos 150 años de historia, ese compromiso con el sistema y con los pacientes es, si cabe, más firme que nunca.

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