Martes, 28 de abril de 2026   |  Número 190
To Be or Not to Be
Tribuna de Fernando Bergaz Hoyos, director médico de Unilabs España.
Dr. Fernando Bergaz Hoyos, director médico de Unilabs España.

Cuando Shakespeare puso en boca de Hamlet la pregunta que ha atravesado siglos “to be or not to be” jamás imaginó que acabaría resonando con tanta fuerza en una especialidad médica. Hoy, el radiólogo se encuentra ante una disyuntiva que va mucho más allá de la tecnología: aceptar o no la transformación que trae la inteligencia artificial, redefinir su papel o aferrarse a un modelo que empieza a mostrar signos de agotamiento. La radiología moderna no se pregunta solo cómo trabajará mañana, sino qué tipo de médico quiere seguir siendo.

Durante décadas, el radiólogo ha habitado un espacio peculiar: presente en el diagnóstico de casi toda patología relevante, pero invisible para el paciente que sostiene un informe cargado de jeroglíficos. Un especialista decisivo que, paradójicamente, rara vez mira a los ojos a quien más lo necesita. Esta distancia no nació de la indiferencia, sino de la lógica de un sistema diseñado para el volumen y la eficiencia.

La inteligencia artificial irrumpe en este escenario de forma aparentemente contradictoria. Una tecnología fría y algorítmica viene a humanizar una especialidad que había perdido humanidad. La paradoja se disuelve cuando entendemos cuál es el verdadero regalo que la IA ofrece: tiempo. Y con ese tiempo, la posibilidad de hacer lo que ningún algoritmo reemplazará jamás: colaborar y ayudar.

¿Cómo ocurre esto en la práctica? El triaje inteligente coloca en primer lugar los hallazgos críticos (neumotórax, neumoperitoneo, roturas aórticas inminentes) antes de que el radiólogo abra un solo estudio. La IA ha leído millones de mamografías, generando patrones predictivos que identifican mujeres de alto riesgo antes de que el cáncer sea visible para el ojo humano. Detecta pequeñas lesiones que en la vorágine asistencial podrían pasar inadvertidas y que cambian el pronóstico del paciente. Y traduce el informe hermético a un lenguaje comprensible, acercando al radiólogo a quien más lo necesita: el paciente.

Nada de esto sucede a costa de la productividad. Al contrario: humanización y eficiencia, con la IA, son la misma cosa. Los números se transforman en fidelización. El radiólogo pasa a una esfera multimodal jugando el papel de director de orquesta de la información de los servicios centrales del proceso médico para brindar el diagnóstico más certero, completo e integrado al especialista solicitante.

Se dice que la IA no te quita el trabajo, pero sí el radiólogo que la utiliza al que no lo hace. Y conviene entender bien por qué. No es por la automatización, ni por la perfección técnica de los informes, ni por el valor predictivo añadido. El elemento diferenciador es otro: el tiempo para “estar cerca”. Tiempo para colaborar y ayudar al paciente. Y, añadiría, saber hacerlo. El tiempo sin vocación es agenda vacía; la vocación sin tiempo, frustración acumulada.

Ese tiempo tiene múltiples destinos: sentarse con el paciente, hablar con el prescriptor, estudiar, investigar, colaborar en los comités donde se deciden los tratamientos más complejos. Hacer lo que la IA nunca podrá hacer por muchos datos que procese: ser humano. Percibir el miedo en una mirada. Encontrar las palabras justas en el momento exacto.

Hoy el sistema nos evalúa por cantidad. Pero ese modelo tiene los días contados. Pronto la vara de medir será la calidad percibida: la del paciente que se siente escuchado por aquel que tiene su tiempo en sus manos, la del prescriptor que recibe una llamada para consultar un dato clave para resolver el enigma de grises, la del sistema que comprueba que humanizar también reduce costes. Como Director Médico, ése es el estándar por el que evaluaré a mis equipos.

La IA crea tiempo. Y ese tiempo es el que nos permite llegar donde los demás no llegan. No nos hace prescindibles; nos hace insustituibles de una manera diferente y más elevada.

François Rabelais lo anticipó hace cinco siglos: «Ciencia sin conciencia no es más que la ruina del alma». Teníamos la ciencia. La IA amplifica su poder de forma exponencial. Ahora nos toca demostrar que también tenemos la conciencia.

To be, definitivamente. Ser el médico que siempre debimos ser.

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